José Luis Romero Calzada no solo cambió de aliado político; cambió el discurso que lo convirtió en un personaje conocido en la Huasteca Potosina y que ahora lo entrega al mejor postor por ambición.
Durante años construyó su imagen enfrentando al gobernador Ricardo Gallardo Cardona. Sus seguidores no lo respaldaban por pertenecer al Partido Verde, sino precisamente por representar una alternativa al gallardismo. Esa narrativa fue la que le permitió mantenerse vigente después de dos procesos electorales y consolidar una base de simpatizantes inconformes con el gobierno estatal y que ahora la vende a la gallardía con la mano en la cintura.
Por eso, su adhesión al proyecto de Gallardo abre una pregunta política de fondo: ¿qué pasa cuando un liderazgo abandona la causa que le dio identidad?
El Partido Verde puede sumar a «El Tecmol» como figura mediática, pero eso no significa que sume automáticamente a quienes lo acompañaban.
La apuesta del gallardismo parece partir de una lógica simple: incorporar un liderazgo regional. Sin embargo, el riesgo también es evidente: que quienes respaldaban a Romero Calzada por su oposición al gobierno estatal no estén dispuestos a seguirlo ahora que decidió caminar junto al mismo proyecto que durante años denunció y descalificó.
Si ese escenario se confirma, la operación política habrá servido para sumar un personaje, pero no necesariamente un electorado, es decir, se consumaría una traición de ambos bandos, tanto de Romero Calzada hacia Gallardo Cardona y su proyecto, como la estructura de propio tecmol que jamás votará por la gallardía y terminaría sumándose al proyecto Sánchez Zumaya.
Finalmente nacen las preguntas, ¿cuánto se necesita para perder una estructura creada a base de odio y promesas? Es simple. Llegar al Partido Verde Ecologista de México y apoyar un proyecto que no coincide con ellos.
